Al acto cultual que hemos comentado en el último día, se viene una situación o escena profética, la del anciano Simeón y la de la viuda Ana, que se presentan en el Templo y saludan como representantes del Israel creyente al “Mesías del Señor”.
A Simeón se le describe como: justo, piadoso, y el que espera el consuelo. Toma al Niño en brazos y bendecirá a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz”. Se está calificando al Niño como “Salvador”. También se afirma que el Niño es “Luz” para las naciones, y “Gloria” de Israel. Por tanto, se nos dice que Jesús es el Siervo de Dios que viene como Mesías de todas las naciones.
Junto a Simeón, Ana, la profetisa viuda, mujer de ochenta y cuatro años, que lleva década viviendo en el Templo desde que enviudó. Siempre en el Templo, día y noche, sirviendo a Dios con ayuno y oración. Verdaderamente piadosa. El Templo es su casa, su hogar. Vive cerca de Dios y para Dios. Al ver al Niño, alabará a Dios y hablará a todos del Niño. Es portadora de un gran anuncio.
