PREPARANDO LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

by AdminObra

Vamos a empezar a preparar desde hoy la importantísima fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, que se celebra a los cuarenta días de la Navidad, y que clausura definitivamente el tiempo navideño.

La mejor ayuda que tendremos para preparar doctrinalmente esa festividad la reconocemos en Benedicto XVI, quien, con su conocimiento de las Escrituras, nos ofrece un certero acercamiento a la entraña de este otro Misterio de la vida del Señor.

 

Así pues, a los cuarenta días del Nacimiento, se dan tres acontecimientos importantes:

  • La Purificación de la Virgen María
  • El “rescate” del hijo primogénito, mediante el sacrificio prescrito por la Ley,
  • La Presentación de Jesús en el Templo

San Lucas, que es quien recoge este momento, nos llevará al núcleo teológico del acontecimiento, que es su mayor interés a la hora de redactar este su Evangelio.

Vayamos con el primer acontecimiento. Vayamos, pues, al libro del Levítico, que establece que la mujer, después de dar a luz a un varón, es “impura” (esto quiere decir que está excluida de las prácticas litúrgicas) durante siete días; el octavo día el niño habría de ser circuncidado, y la mujer deberá quedarse en casa todavía 33 días para purificar su sangre (Lv 12, 1-4). Después de ofrecer un sacrificio de purificación, un cordero para el holocausto y un pichón o tórtola para la expiación.

Los pobres sólo tienen que ofrecer dos tórtolas o dos pichones.

María ofreció el sacrificio de los pobres (Lc 2, 24). Por tanto, San Lucas nos da a entender que la Sagrada Familia se tenía que contar entre los “pobres” de Israel; precisamente entre estos “pobres” fue donde maduró el cumplimiento de la promesa, o la certeza de la cercanía de un Mesías más espiritual que militar.

Sorprendentemente, la “toda Pura” no necesita ser purificada por el parto: este Nacimiento es el que trae, precisamente, la purificación al mundo. Pero Ella obedece la Ley y sirve así al cumplimiento de las promesas, y a lo que dice San Pablo a los Gálatas “nacido bajo la Ley” (Gal 4, 4).

 

SEGUIREMOS…