- San JUAN, apóstol, que junto a su hermano Santiago y con Pedro fue testigo de la Transfiguración y de la Pasión del Señor, y al pie de la Cruz recibió de El a María como Madre. En su Evangelio y en otros escritos se muestra como teólogo, habiendo contemplado la gloria del Verbo encarnado y anunciando al que vio.
- Santa FABIOLA, viuda. Roma. Llevó a cabo su penitencia en favor de los pobres. (399).
- San TEODORO, monje, presbítero y mártir, en Bitinia, hoy Turquía. Junto con su hermano San Teófanes sufrió en Constantinopla azotes, cárcel, destierro y llagas en la frente por defender las imágenes. (841).
- Beato JOSÉ MARÍA CORBÍN FERRER, mártir. Santander. Martirizado por las izquierdas. (1936).
- Beato ALFREDO PARTE, presbítero y mártir. En Santander. De las Escuelas Pías. Asesinado por ser sacerdote. (1936).
Hoy recordamos especialmente a SANTA FABIOLA
Esta joven nació y vivió en Roma en el siglo IV.
¿Y sabes cuál fue su mayor timbre gloria? Sencillamente haber tenido piedad y amor por la gente que nadie quiere en este mundo: los pobres y abandonados de la sociedad.
Pero no se quedó en buenas intenciones y preciosas palabras que se las lleva el viento. No,¡ qué va!
Cerca de Roma, en la playa de Ostia, fundó un hospital enorme en el que eran atendidos gratuitamente todos los que necesitaban de consuelos espirituales y materiales. Fue, según relatan las crónicas, el primer establecimiento que se puso en marcha en Europa.
Esta fundación, se señala en las fechas soberanas de la historia de la civilización occidental, escribió el historiador Camille Jullian, como uno de los más importantes a tener en cuenta.
Fabiola pertenecía a la ilustre familia de los Flavianos. En su juventud, escandalizó a la Iglesia porque se divorció civilmente de su marido legítimo para casarse con otro.
Los dos murieron muy pronto. Fabiola, llevada por su amor a Dios, hizo penitencia de sus pecados públicamente en san Juan de Letrán, una de las grandes basílicas de Roma.
El mismo Papa Siricio (384-399) le dio la comunión. Ella se consagró desde entonces a la piedad y empleó su inmensa fortuna en buenas obras.
En el año 395, Fabiola partió para Tierra Santa y pasó allí algún tiempo en el escuela de san Jerónimo.
Este, gran sabio de la Iglesia, se quedó impresionado por su fuerte personalidad, su inteligencia y su virtud. Y fue él quien escribió su pequeña biografía.
