¿QUÉ PODEMOS CAMBIAR EN NOSOTROS DURANTE EL ADVIENTO? La ira – 2

by AdminObra

A menudo no sabemos que nos encolerizamos, pero lo hacemos. Y si falta alguien contra quien descargar nuestra furia, nos enfurecemos contra nosotros mismos.

A este vicio se le puede añadir que perdemos la semejanza con Dios, cuya actividad es… apacible.

Aunque la influencia de la ira en el hombre es nefasta, apenas se cree que haya en ella alguna vileza.

Si no se da eliminado del todo esta pasión, al menos someterla al imperio de la razón y forzarla a una moderación saludable.

El mejor remedio es rechazar inmediatamente los primeros movimientos de la ira y resistirse a ellos en su comienzo, pues si te desvía al principio del camino recto, es difícil volver a él.

No olvidar que más daña la ira que la propia ofensa.

Una vez escuchada la voz del maledicente, no hay que reparar en lo que debe oír él, sino en lo que conviene que tú digas. No se deber permitir a la maldad ajena que nos quite serenidad.