“Ad te levávi ánimam meam. Deus meus, in te confído”
Con espíritu de penitencia y oración aguardamos al Mediador, al Dios hecho hombre, preparándonos para su venida en carne mortal, y también para su segundo advenimiento como nuestro Juez.
Las Misas del tiempo de Adviento nos presentan un espíritu de preparación y arrepentimiento que se mezclan con la alegría y la esperanza; por esto, aunque los ornamentos tengan el morado penitencial y se omita el Gloria, se mantiene el “Aleluya”.
Las lecturas, en este precioso tiempo, son una expresión elocuente del deseo de todas las naciones por la llegada del Redentor.
A todos nos impresiona el llamado urgente y repetido por la venida del Mesías: “Ven ya, no tardes”. Así, San Pablo nos urge a disponernos como se debe para su llegada.
En el Adviento, la Iglesia bizantina celebra particularmente los antepasados de Nuestro Señor: todos los Patriarcas y Profetas del Antiguo Testamento, pero especialmente Abraham, Isaac y Jacob.
la idea del Adviento es que no preparemos para la venida de JESUCRISTO. Por lo tanto, pongamos en nuestra boca las mismas peticiones que hacían en la Antigua Alianza. Preparemos la venida de JESUCRISTO, nuestro Redentor, que viene para prepararnos a su vez a su segundo advenimiento como Juez.
Durante el Adviento abrimos un camino directo para que JESUCRISTO entre en nuestras almas, y contemplamos a Nuestro Señor, que vendrá en Navidad.
