“La diferencia entre la Naprotecnología y la fecundación in vitro consiste en el hecho de que en la primera la cuestión fundamental es el diagnóstico de las causas de infertilidad, se busca una explicación médica de porqué una pareja no consigue procrear y, por tanto, se intenta eliminar el problema y ‘ajustar’ el mecanismo natural, volviendo a darle su armonía”, explica Phill Boyle ginecólogo irlandés experto en Naprotecnología en una clínica de la ciudad de Galway, los cursos de formación en naprotecnología para médicos de toda Europa.
De este modo, añade que “en el procedimiento in vitro, en cambio, el diagnóstico de las causas no tiene importancia, los médicos quieren sencillamente ‘burlar el obstáculo’, llevando a cabo una fecundación artificial. En la Napro, el tratamiento resuelve el problema de la pareja, que después puede tener otros hijos. Sin embargo, con el método in vitro, los cónyuges no se curan y siguen siendo una pareja estéril, y para tener más niños deberán siempre confiar en un laboratorio”.
La Napro no sustituye al método de procreación natural y el embarazo siempre se produce durante el acto sexual, mientras que técnicas como la Fecundación In Vitro o la inseminación artificial se centran en la manipulación de óvulos y espermatozoides fuera del cuerpo. Por ello, además de buscar el problema de la infertilidad la Naprotecnología tiene un enfoque ético y no invasivo, al evitar la manipulación de embriones. Y otro dato relevante es el mayor riesgo de problemas y de efectos secundarios de la FIV en comparación con esta técnica de fertilidad natural.
