17. SAN CIPRIANO de CARTAGO – V

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Continuando con la polémica desatada por los bautizos realizados por los herejes, decir que las comunidades de Roma, Alejandría y Palestina afirmaron que la validez del bautismo no depende ni de la santidad del ministro, ni de la ortodoxia del ministro, sino de la gracia de Cristo, que es quien bautiza. Son discusiones que tendrán una repercusión inmensa en el futuro de la Iglesia.

San Cipriano y el papa Esteban tendrían momentos de gran tensión doctrinal.

La solución a la controversia no llegó, en ese momento, a ninguna conclusión entre el obispo de Cartago y el Papa de Roma. La causa fundamental, además de posturas muy encontradas, fue la nueva persecución que se desató contra la Iglesia por parte de Valeriano a partir del 257.

En esa nueva persecución, perecerán los Papas San Esteban, San Sixto II, el diácono San Lorenzo, en Roma, y en Cartago, tras un tiempo de exilio, será degollado San Cipriano.

Las ‘Actas’ de su martirio nos muestran a un santo lleno de fortaleza, fidelidad, grandeza de ánimo del que fue el mayor representante del cristianismo en África en la primera mitad del siglo III.

“¡Gracias a Dios!”, fueron sus palabras al conocer el veredicto.

Próximamente, veremos, dentro de la Iglesia de África (la que ya conocimos hace unos días) el martirio de distintas figuras, o lo que es lo mismo, los “testigos” en la persecución, los cuales merecen capítulo propio.