También en las comunidades cristianas hay peligros doctrinales. Fueron numerosos los conflictos motivados por herejías y cismas.
Ante estos problemas, la Iglesia en África desarrolló una intensa actividad por medio de sínodos y concilios. La gran mayoría fueron promovidos por San Cipriano de Cartago.
En estos concilios se debatieron, entre otros, los problemas causados por las persecuciones.
En el siglo III, la gran época de este cristianismo, fue un continuio devenir de persecuciones imperiales.
Comenzando por Decio, siguiendo por Valeriano y, tras la paz de Galiano, culminando con la de Diocleciano, las persecuciones crearon peligro, destrucción, apostasías, cismas. Y muchos santos mártires.
Las ‘Actas’ y las ‘Pasiones’ latinas se leen con emoción y provecho al recoger los testimonios de fidelidad. Por ejemplo, el martirio de Santa Perpetua y compañeros en Cartago en 203.
Comunidades valientes, y muy probadas.
Grandes plumas en latín, como los ya citados San Cipriano, Tertuliano, Arnobio, Comodiano, hasta el gran broche final del siglo V con San Agustín.
Obispos valientes, y de talla intelectual y pastoral, que se valieron de sínodos para resolver problemas y velar por la comunión de la Iglesia.
A partir de mañana conoceremos a Tertuliano.
